
La evidencia es clara: esto se trata de fútbol. Del recuerdo, de Universidad Católica -y todo su karma-, del espectáculo semana a semana del balompié chileno, del mundo y del futuro. Bueno y una largo etcétera.
Sin más preámbulos, la obertura está a cargo del primer, y quizás uno de los pocos grandes cracks que pasaron por los pastos nacionales: el argentino José Manuel Moreno.
El Charro -acaso el bigotito dice otra cosa- vino a la UC en el año 1949 por un montón de billetes: un millón y medio de pesos de la época, una verdadera locura que se agudizó tras el pobre empate con Iberia 1-1 en su debut.
Pero sólo fue un paso en falso de este hombre que a los 15 años, cuando era conocido como "Pibe Rulito", fue rechazado por Boca Juniors y que luego, tras un trabajo en un periódico, arribó a River Plate para ser parte de una de las delanteras más temibles en la historia del fútbol mundial: La Máquina. Moreno compartió esos años con Ángel Labruna, Juan Carlos Muñoz, Félix Lousteau y Adolfo Pedernera.
Currículum tenía entonces. Y comenzó a demostrarlo pronto, pese a su gusto por la noche y la bohemia, con amor por la gorda. "Yo juego al fútbol porque me gusta y porque no puedo vivir sin hacerlo. Y jugaré hasta que mis huesos no den más", dijo y en su segundo partido lideró la victoria por 2-0 sobre Colo Colo, el equipo más popular del país.
El Charro encontró extraño que hubiera tanta bulla y pitos en los partidos contra Universidad de Chile, el clásico universitario, no le parecía normal que el delantero central de la UC, Raimundo Infante, faltara a entrenamientos por supervisar su exposición pictórica. Pero más allá de todo, disfrutó su paso por Chile. "Tóquesela a papito nomás", le decía a sus compañeros y se convirtió en el alma del cuadro que al final de la temporada se transformó en el campeón del certamen local.
Lamentablemente, Moreno partió en 1950, dejando un recuerdo tan grande que muchos lo consideran mejor jugador que Diego Maradona y que sólo la falta de medios de comunicación masivo lo privó de una mayor fama.
Sin más preámbulos, la obertura está a cargo del primer, y quizás uno de los pocos grandes cracks que pasaron por los pastos nacionales: el argentino José Manuel Moreno.
El Charro -acaso el bigotito dice otra cosa- vino a la UC en el año 1949 por un montón de billetes: un millón y medio de pesos de la época, una verdadera locura que se agudizó tras el pobre empate con Iberia 1-1 en su debut.
Pero sólo fue un paso en falso de este hombre que a los 15 años, cuando era conocido como "Pibe Rulito", fue rechazado por Boca Juniors y que luego, tras un trabajo en un periódico, arribó a River Plate para ser parte de una de las delanteras más temibles en la historia del fútbol mundial: La Máquina. Moreno compartió esos años con Ángel Labruna, Juan Carlos Muñoz, Félix Lousteau y Adolfo Pedernera.
Currículum tenía entonces. Y comenzó a demostrarlo pronto, pese a su gusto por la noche y la bohemia, con amor por la gorda. "Yo juego al fútbol porque me gusta y porque no puedo vivir sin hacerlo. Y jugaré hasta que mis huesos no den más", dijo y en su segundo partido lideró la victoria por 2-0 sobre Colo Colo, el equipo más popular del país.
El Charro encontró extraño que hubiera tanta bulla y pitos en los partidos contra Universidad de Chile, el clásico universitario, no le parecía normal que el delantero central de la UC, Raimundo Infante, faltara a entrenamientos por supervisar su exposición pictórica. Pero más allá de todo, disfrutó su paso por Chile. "Tóquesela a papito nomás", le decía a sus compañeros y se convirtió en el alma del cuadro que al final de la temporada se transformó en el campeón del certamen local.
Lamentablemente, Moreno partió en 1950, dejando un recuerdo tan grande que muchos lo consideran mejor jugador que Diego Maradona y que sólo la falta de medios de comunicación masivo lo privó de una mayor fama.


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